Los cristales, siempre brillantes, el fondo que cambia de humor y la escenografía de moda. Un campo de batalla. Donde las corrientes y los remolinos acumulan lo que arrastran. Donde los alienígenas y los piratas no pudieron entenderse. Donde en el fondo todo son objetos y nada tiene vida.
Y los pañuelos desechables son el mejor copiloto de cine y de viaje.